Lluvia

Lluvia.

Eran las 7:30 AM.

El cielo estaba cubierto con grises nubes, y al extender su mano... Frías y delicadas gotas de agua cayeron sobre la palma de Helen, pero la gélida lluvia, que cada vez se tornaba más fuerte, no lo convenció de entrar a su cálida casa... Él sólo se quedó ahí parado dejando que el agua cubriera su chamarra y pantalones negros.

Mientras un millar de cosas pasaban por su cabeza, Helen continuó ahí parado. Dejando que lo envolvieran los olores y sonidos que le traían aquellas gotas que caían repetitivamente. El sonido de las gotas golpeando las hojas, helechos, zarzas y la alta hierba, al igual que golpeaba las ramas y la corteza de los árboles. Y ese característico olor a lluvia y tierra mojada que lo llenaba de placer y satisfacción. Pero todos esos olores y sonidos lo hacían sentir otras cosas, como una enorme tranquilidad, y a la vez una profunda soledad. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un ronco y agudo maullido, al volver la cabeza para mirar por encima del hombro. Vislumbro un minúsculo cachorro gris atigrado con peculiares ojos azul claro, decidió volverse completamente, y al estar frente a frente con el cachorro, éste saltó y corrió hasta su cuidador para restregarse con su tobillo. El pelaje del joven minino casero resultó completamente empapado al instante de alejarse de la protección del techo. Ver el pelo impregnado al cuerpo del felino, dejaba completamente visible lo escuálido que era. –Patas mojadas–. Dijo Helen con dulzura, agarro al minino con delicadeza y lo llevo a la seguridad del interior de su hogar.

Esta fue mi primera narrativa, la escribí el año pasado, estaba en el colegio, estabamos en invierno. Clima frío.

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